Abrantes ha asumido desde los primordios una enorme importancia en momentos cruciales de la Historia de Portugal como la Reconquista Cristiana o las Invasiones Francesas, debido a su estratégica ubicación geográfica, volteada hacia el Tajo.

Abrantes fue ya considerada la ciudad más florida de Portugal y todos los años en Mayo y la ciudad se viste de flores durante las Fiestas de la Ciudad y sus calles floridas compiten entre sí por el título de la más preciosa.

El centro histórico de Abrantes se abre a los ojos de los viajeros con la generosidad propia de los rincones llenos de memorias que se quedan en la memoria. Abrantes posee un patrimonio edificado muy rico con innumerables iglesias – Santa Maria do Castelo, São Vicente, Misericordia o São João Baptista – conventos y casas señoriales, en un colorido de edificios que apasionan los aficionados del cine.

A partir de los diversos miradores – Outeiro de S. Pedro; Torre de Menagem; Miradouro da Penha, con la firma de Keil do Amaral; Miradouro das Fontes o Cais de Rio de Moinhos, recientemente recuperado – se puede contemplar la ciudad y el deslumbrante paisaje natural envolvente, fuertemente marcado por el río Tajo, la Albufera de Castelo do Bode y por el río Zêzere.

Abrantes ofrece también a sus visitantes innumerables jardines y espacios verdes, como el icónico Jardín del Castillo, cuyos orígenes remontan al final del siglo 19 o el Jardín de la Repúblic, escenario de distintos episodios históricos y de diversas manifestaciones populares. 

El Mercado Diário de Abrantes, diseñado por el atelier de arquitectura ARX Portugal de los hermanos Nuno Mateus y José Mateus fue finalista del premio de arquitectura internacional “Building of the Year”, promocionado por la prestigiada ArchDaily. Esta obra marcante es simultáneamente edificio y calle.

La gastronomía de Abrantes es fuertemente influenciada por los sabores del río, con especial destaque para las especialidades de pescado y de caza. La región prima por la excelencia de sus productos endógenos como el vino, la miel, el licor o los embutidos hechos aún de forma tradicional en charcuterías familiares. Los dulces conventuales son una tentación y sus principales embajadores son la “palha de Abrantes”, las “tigeladas”, las broas de miel, las limas, las castañas dulces o los “mulatos”.

Las playas fluviales de Albufera do Castelo de Bode, de Aldeia do Mato y de Fontes son absolutamente imperdibles ¡ La Albufera de Castelo do Bode, con más de 60 km de extensión, es una de las más grandes bacias hidrográficas de Portugal, siendo el rincón ideal para la práctica de deportes náuticos (vela, remo, piragüismo, kayak, windsurf), pesca, natación y navegación.