Cuenta la leyenda que, hacia 1484, durante un viaje de Óbidos a Batalha, la reina Leonor (esposa del rey Juan II) pasó por un lugar donde varias personas se bañaban en aguas de intenso aroma. Enseguida se dio cuenta de que se trataba de aguas con poderes curativos, pero la monarca quiso comprobar personalmente esos relatos.
Según la leyenda, sus dolencias se curaron y, por ello, al año siguiente ordenó construir un hospital termal en ese mismo lugar. El edificio se construyó en 1485 y aún hoy se puede visitar. Por eso la ciudad recibió el nombre de Caldas da Rainha.
La localidad de Calda da Rainha surge y crece, por voluntad de la reina Leonor, en torno al complejo termal.
La construcción del hospital y de la iglesia supuso una elevada inversión para la reina: vendió sus joyas para poder adquirir muebles, utensilios, ropa y otros objetos.
Para garantizar la sostenibilidad de la institución, donó al hospital y a sus proveedores todos los impuestos, octavos, rentas, derechos y privilegios de las localidades de Óbidos, Aldeia Galega y Merceana.
El apoyo de la iglesia también fue importante: se recurrió a ayudas al más alto nivel, a autorizaciones para la construcción de la iglesia y a bulas pontificias. Las obras se llevaron a cabo en varias fases, tanto por la envergadura del proyecto como por la falta de fondos. En 1490, la iglesia y el hospital ya estarían en pleno funcionamiento, y este último constaba de dos plantas.
En la planta de la iglesia se encontraban las salas de los enfermos postrados en cama, que así podían asistir a las misas celebradas en la iglesia de Nuestra Señora del Púpulo, que comunicaba directamente con el hospital. Esta era también la planta de los baños.
En la planta superior se encontraban el resto de las salas, con un total de 110 camas, de las cuales 70 estaban destinadas a los enfermos pobres.
El periodo de apertura para los tratamientos se extendía desde el 1 de abril hasta el último día de septiembre, y cada año, el primer día, se leía el Compromiso —que data de 1512— y que reunía un conjunto de normas establecidas por la reina Leonor para garantizar el buen funcionamiento de «su» hospital.
El edificio termal, construido en la transición del barroco al neoclásico, aún deja entrever un lenguaje manierista en el tratamiento de las esquinas. La cornisa forma un saliente que confiere un movimiento singular a la fachada, cuyo cuerpo central obedece a los cánones clásicos.
La fachada principal da a una amplia plaza, la antigua Largo da Copa, que da acceso al Parque das Termas, frente al Clube de Recreio y al Balneário Novo o Casa da Convalescença, edificio neoclásico de planta cuadrangular.
Al atravesar el pasaje de acceso a la iglesia de Nuestra Señora del Púpulo, se encuentra una fuente de gran impacto escenográfico, obra del escultor José Aurélio.
Aún se pueden ver restos de paneles de azulejos de los siglos XVI y XVIII que destacan por su gran creatividad, gracias al equilibrio de su composición y a su calidad estética.
El balneario consta de seis pabellones para hombres: São Francisco, São Camilo, São João de Deus, São Pedro, Santo Amaro y Nossa Senhora do Pópulo; y dos para mujeres: Santa Isabel y Santa Clara.
En el edificio actual hay una piscina que deja entrever una existencia previa a los inicios del hospital.
Las aguas termales de Caldas da Rainha son ricas en propiedades minerales y reconocidas por sus beneficios terapéuticos en enfermedades respiratorias, reumáticas y musculoesqueléticas.